September 15, 2014

Sargento Stubby


«El rango militar no figura en el nombre de este perro cruza con pit bull solo por ser simpático: es un reconocimiento bien ganado. Durante la Primera Guerra Mundial, este ex perro de la calle sirvió en el 102º regimiento de infantería junto con su dueño, John Robert Conroy, que lo había llevado a Francia de contrabando al ser desplegado allí. Sin embargo, el agudo sentido del olfato y el oído de Stubby resultó ser absolutamente valioso para la unidad: alertaba a los hombres cuando se avecinaba un ataque de gas y ayudó a rescatar a varios soldados heridos. Pero fue cuando detectó con su olfato a un espía alemán que Stubby se ganó el rango de sargento» (Funnient).

September 14, 2014

Minorías mayoritarias

«El otro día leí en el diario algo que realmente me dejó confundido. Decía que el ochenta por ciento de los neoyorquinos pertenecen a minorías... ¿No deberíamos dejar de decir que son minorías cuando representan el ochenta por ciento de la población? Esa es una actitud muy de blanco, ¿no creen? Digo, llevamos a un blanco a África y piensa: “¡Miren todas las minorías que hay acá! Yo soy la única mayoría”» (Louis C. K.).

September 06, 2014

Cómo surgieron los apellidos

«En el Medioevo, junto al nombre de pila (es decir, el impuesto en la pila bautismal), se adicionó otra denominación que correspondió a alguna particularidad del individuo: su oficio (Herrero), cierta característica física (Calvo), etc., y se usaron, en español, los gentilicios con los sufijos -ez, -iz y -oz, significativos de ser quien los usaba hijo de determinada persona (Fernández, hijo de Fernando, etc.). Esta denominación, adicionada al nombre de pila, al continuarse en los hijos, determinó la aparición de lo que el lenguaje común llama hoy apellido» (Atilio Aníbal Alterini, Derecho Privado, cap. 3, § 3.8.1).

Cerati (1959-2014)

August 08, 2014

¿Qué nos hace confiar en un rostro?

Psicólogos han descubierto que la gente decide qué tan confiables son los extraños en un abrir y cerrar de ojos, y que todo se debe a la forma de la cara.

Tendemos a juzgar que alguien con cejas altas y pómulos prominentes es más honesto, mientras que es menos probable que confiemos en alguien con ceño fruncido y mejillas hundidas.

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